El Monstruo Asustado

A fine WordPress.com site

La Mansión de los Altos Estudios

Para los astrólogos la Casa de los Altos Estudios es la casa número nueve, la del tránsito de  tapa blog grande1formación espiritual, la educación superior, la filosofía, los viajes, las profesiones, la ciencia y la búsqueda del significado de la vida; la forma en que cada persona concibe el mundo… Estos datos los tuve después de haber elegido el título de la novela, lo que demuestra, como dice Cortázar, que “la casualidad suele hacer muy bien las cosas” puesto que de todos estos asuntos, con mayor o menor acierto, se habla en este libro.

Cuando se publica una novela los escritores suelen decir que se ha cerrado un ciclo, dando a entender que pronto se iniciará otro, otra novela, un nuevo libro. En este sentido, La Mansión de los Altos Estudios no se convirtió en un proyecto de novela hasta que el autor, dicho esto en un sentido literal, no acabó de cerrar todas las puertas de aquella casa, o de abandonar todas aquellas casas que habitó en su primera juventud. Ya en el prólogo de la novela Olga Orozco nos advierte: “Había en varios tiempos varias casas que eran una sola casa”.

La Mansión de los Altos Estudios comenzó a vivirse antes que a escribirse, pero, en este caso, la   experiencia no precede en el pasado a la narración en el futuro, como sucede naturalmente en la mayoría de las novelas, aquí todo sucede de manera simultánea, la experiencia junto a la experiencia de contarla; narrada con insistencia en un continuo presente, cada vez que un lector entra en la casa algo está sucediendo. Dicho de otra manera, todos están vivos, personas, personajes y lectores, salvo el escritor, no muerto pero ausente, que trata de alejarse sin hacer demasiado ruido, y de borrar sus huellas antes de quedarse dormido.

Una vez que el autor se aleja, el proyecto de escribir la novela comienza a cobrar forma. Tiene pinta de novela experimental, en el sentido de experimento de laboratorio; una mezcla rara de tonos, tiempos y géneros diferentes; un cóctel explosivo de personas y personajes que al ingerirlo sabe a todos y a ninguno; otra vez Olga Orozco: “Hasta que se devore eso que habitualmente llamamos rostro y se pueda ver quién es quién lo devora”.

Cuando el que escribe acepta su condición de personaje, cuando el observador se confunde con lo observado, por lógica, se acaba escribiendo sobre la experiencia de escribir una novela; en este caso acerca de la imposibilidad de escribirla: “Escribo sin conocer el desenlace de lo que escribo. Busco en tus líneas mi imagen en la lámpara encendida en la mitad de la noche…” Octavio Paz.

Por lo demás, esta novela está escrita como cualquier otra, introducción, nudo y desenlace, y puede leerse de la misma manera – quizás con un poco más de fe- que cualquier otra novela que acaba de publicarse o que anda por ahí.

Aunque en la Mansión de los Altos Estudios sucedan cosas extrañas, paredes que hablan, escritores con turbante y payadores de ultratumba, también puede leerse como la metáfora de un país que se destruye antes de construirse; un curso de supervivencia, o un libro de autoayuda para aceptar lo inevitable; o mejor dicho que no podemos tirar el córner y saltar a cabecearlo, aquello que tenga que suceder sucederá…
Espero que les guste este libro que escribí.

Editada por “Novum Publishing”, a los que agradezco su paciencia, la novela está disponible en Amazon y en la librería de la Editorial.
Amazon.com

2 comentarios »

El fin del mundo ya llegó…

A pocos días de cumplirse la profecía Maya,  que anuncia el fin del mundo en los próximos días,  los seres humanos  en vez de redimirnos, abandonar nuestros vicios, pedir perdón por todo, rogar a nuestros dioses o a los cielos para que se nos brinde otra oportunidad,  confesar nuestros pecados o salir corriendo en busca de la tierra media,  nos hemos puesto a consumir  y a vender cosas compulsivamente como si de otra fiesta se tratara.

Hasta donde yo sé, los Mayas profetizaron el fin del mundo para estas fechas, pero no dijeron cómo se produciría; es decir, si acabaría todo de un segundo para otro, una suerte de Big Bang, que seguramente hubiéramos promocionado con alguna marca de cerveza, donde nuestro planeta explotaría y todos volveríamos a ser lo que un día fuimos, polvo de estrellas, o por  el contrario si nuestro mundo se acabaría de a poco, es decir en cómodas cuotas, primero Estados Unidos, de guerra, después Europa,  de hambre, la China, de tantos chinos, Siberia, de frío…

Es que no hacemos caso, es que no nos hemos tomado esta profecía para nada en serio porque el fin del mundo ya llegó: Comenzó en Connecticut, hace un par de días con la matanza de veinte niños que estaban en el colegio. El asesino era una adolescente americano llamado Adam, como el de Eva; estaba loco y tenía un arma con una capacidad de disparar 100 proyectiles en menos que canta un gallo, pero su nombre no importa; como el tarado que mató a Lennon,  dos telediarios más y ya se olvida. Adam también se cargó a seis adultos que pasaban por ahí, uno de ellos era su madre.

Lo escribo así, a propósito, con desapego, para acentuar el sin sentido, porque la falta de sentido, la caída de la humanidad en la locura, y que esta locura la paguen los otros, los niños, las madres, es el fin, el principio del fin…

Digo esto como Psicólogo, aunque mi título siga enrollado y  juntando polvo en lo alto de la biblioteca, porque todavía puedo discernir entre un pobre loco y un psicótico armado; es más, me parece que no hay que ir a la universidad para darse cuenta de esto. Permitir que un loco tenga un arma, que sepa utilizarla, es decir que además de tenerla practique algún tipo de entrenamiento para saber utilizarla sin que nadie repare en ello, es algo tan inaudito que solo puede suceder en los Estados Unidos.

Lo más lamentable, lo más triste es que esta tragedia, como la trágica estupidez del Madrid Arena, donde también llegó el fin del mundo,  es que podría haberse evitado. Primero, obviamente, quitándole las armas a Adam, segundo, encerrándolo en un loquero, tercero, prohibiendo definitivamente la venta de armas en Estados Unidos, y también en el resto del mundo, lo que, aunque suene a paradoja, nos permitiría dormir a todos más tranquilos.

Después, si queremos podemos sentarnos, encender la pipa, y decir que el chaval descargó su locura contra el mundo, y otras grandes verdades de ésas que acostumbramos a decir los psicoanalistas cuando el “caballo ya ganó la carrera”, porque aunque lo impredecible suceda, y por definición no pueda evitarse, algunas cosas no son tan difíciles de predecir: Volviendo al Madrid Arena, “en una cajita de fósforos no cabe un elefante”, como decía el  Ercy y el gurú Maharishi ; y a los americanos, “no le des patadas a los locos”, como dijo Charly.

Queridos amigos, ya saben, esto debería haber sido un mensaje navideño, pero ya ven como está el patio; de todas maneras en dos días, según los Mayas, se acaba todo, así que lo mejor- como dice el Tío Nari- será que nos pille confesados. Si quedo vivo para contarlo, les prometo que seguiré con este blog, diré que también hubo gente buena, Manu Chao, Bob Marley, El Pájaro,  Andresito, Mi vieja….

1 Comentario »

Libros Libres…

Los libros, me refiero al “objeto libro”, cuando están cerrados suelen descansar en una biblioteca, pero tampoco es ninguna novedad que los libros viajen; que abandonen por un tiempo la ciudad y que se vayan a las montañas o al mar, por ejemplo cuando el lector sale de vacaciones, o cuando debe trasladarse de un lugar a otro y lleva lectura para el viaje. Tampoco es ninguna novedad que algunos libros no regresen a la biblioteca, que se queden olvidados en los hoteles, en casas de verano, en los aeropuertos o en las estaciones de trenes. El libro perdido, puede que tenga suerte, que lo encuentre un futuro lector; alguien a quien le gusten los libros, o simplemente recoger cosas perdidas, que se lo lleve a su casa y lo salve del contenedor o del olvido.

Todo esto que acabo de decir tal vez venga sucediendo desde que se han inventado los libros, y es algo que sucede casi a diario, digo yo; pero la novedad es que alguien –no sé quién, habría que buscarlo en la wikipedia-, tal vez inspirado en estos párrafos introductorios que acabo de escribir, o quizás porque ése día no tenía otra cosa mejor que hacer, tuvo la feliz  idea de propiciar este viaje de los libros.

La idea consiste en coger un libro, de alguna manera etiquetarlo, (como aquellos ornitólogos que le ponen un anillo a una gaviota o a un pajarito para luego estudiar su derrotero), y dejarlo suelto, “libre como un perrito sin dueño”, en algún lugar de la ciudad o del mundo. Y es aquí donde empieza la aventura, el verdadero viaje del libro; quiero decir un viaje premeditado, sin rumbo ni destino, pero propiciado por alguien. Lo mejor que le puede suceder a un libro, por supuesto, es que encuentre lectores, aunque la idea de esta iniciativa es que el libro viaje, que el libro camine.

El sitio de internet “Book Crossing.com” se dedica a propiciar esta iniciativa. Se trata de una página web donde, además de instruirnos en el asunto de cómo “liberar un libro” – así le llaman ellos- nos permite también realizar un seguimiento del libro que hemos puesto en viaje, o del libro que nos hemos encontrado en la calle, siempre y cuando- como la paloma- ya venga etiquetado.

Para ser más claro, pondré dos ejemplos:

1)    Acabo de encontrar un libro en la estación de trenes de Barcelona – no importa cuál, puede ser cualquiera, “Luna Negra”, de Gabriel Bertotti o el Ulises de Joyce-, para el caso da igual, y  nos encontramos con que en su portada dice “Libro Libre” y que en las primeras páginas lleva una etiqueta con un código numérico. Pues entonces, después de leerlo aunque esto no es imprescindible, ya es cosa de cada uno, nos vamos al ordenador, ponemos “Book Crossing.com “y en menos que canta un gallo podemos saber de dónde viene y en dónde estuvo el libro. También cuanto tiempo hace que emprendió el viaje. Una vez leído, la gente de BooK Crossing aconseja volver a “liberarlo”.

2)    Tengo un libro o varios libros y quiero “liberarlos”. Muy bien en Book Crossing pueden adquirirse las etiquetas para darle identidad al libro, es decir, brindarle un código propio con el cual iniciará el viaje. También, el “liberador de libros” – lindo título para una novela- por medio del código, siempre en la misma web, puede seguir su derrotero. El lugar dónde dejarlo está sujeto al libre albedrío del liberador.

Si no se ha entendido bien, olvídense de todo lo que he dicho; dejen a los libros descansar tranquilos en los estantes de la biblioteca, piensen en otra cosa y disfruten del video de Caetano Veloso.

 

 

2 comentarios »

“Ella”, Por Juan Carlos Onetti

 

 

 

 

Cuando Ella murió después de largas semanas de agonía y morfina, de esperanzas, anuncios tristes desmentidos con violencia el barrio norte cerró sus puertas y ventanas, impuso silencio a su alegría festejada con champán. El más inteligente de ellos aventuró: “Qué quieren que les diga. Para mí, y no suelo equivocarme, esto es como el principio del fin”.

Tantas cosas, pobres millonarios, les había hecho tragar Ella. Y lo triste era que Ella había sido infinitamente más hermosa que las gordas señoras, sus esposas, todavía con olor a bosta como dijo un argentino. Ahora también podían tragarse las sonrisas cordiales con que habían acogido las órdenes y las humillaciones. Porque todos sentían, sin más pruebas que discursos vociferados en la Plaza Mayor, que Ella era, en increíble realidad, mas peligrosa que las oscilaciones políticas económicas y turbias de Él, el mandatario mandante, el que a todos nos mandaba.

Cuando al fin Ella murió, rematando esperanzas y deseos, estábamos a fin de julio; en una fecha abundante en crueldades, en frío, viento, aguacero. De los cielos negros de nubes y noche caía una lluvia lenta, implacable, en agujas que, amenazaban ser eternas; Se desinteresaban de abrigos y pieles humanas para empapar sin dilaciones huesos y tuétanos.

La humedad aumentaba el mal olor de las gastadas ropas de luto improvisado: casi inmóviles, sin palabras porque su desdicha tenía un solo culpable y este no podía ser nombrado aunque dueño del frío, de la lluvia, el viento y la desgracia.

Según la pequeña historia, tantas veces más próxima a la verdad que las escritas y publicadas con H mayúscula, cinco médicos rodeaban la cama de la moribunda, y los cinco estaban de acuerdo en que la ciencia tiene sus límites.

Y en la planta baja, impaciente, paseándose, atendiendo las preguntas telefónicas que le hacían los periodistas amigos o dadivosos, había otro hombre, talvez también medico, aunque esto no tenga la menor importancia. Era un Catalán, embalsamador de profesión, conocido y llamado por Él desde hacia un mes para evitar que el cuerpo de la enferma siguiera el destino de toda carne.

Y había una lucha silenciosa pero tenaz entre los cinco de arriba y el solitario de abajo. Porque si éste solo creía con distracción en la Virgen de Montserrat, los de encima, estaban divididos entre la de Lujan, la de La Rioja, la de las Siete Llagas, entre la de San Telmo y la del Socorro. Pero coincidían en lo fundamental, en la Santa Iglesia Apostó1ica y Romana. Y creían en los eructos dominicales de los curas.

Para cumplir lo contratado con Él, el embalsamador Catalán tenía que aplicar una primera inyección al cadáver media hora antes de ser decretado tal. Los pertinaces creyentes del piso superior se oponían a toda intención de embalsamar, pese a que el contratado Catalán había repartido generoso pruebas indiscutibles de su talento. Recuerdo la foto, en un folleto, de un niño muerto a los doce anos, plácidamente colocado en un sillón y luciendo un traje marinero impecable. Lo exhibían cada vez que la momia hubiera tenido que cumplir años, él se burlaba, el tiempo no existía, sus mejillas seguían rosadas y sus ojos de vidrio brillaban con malicia cuando, inexorablemente, cumplía una fecha de muerto. Dos veces al año ocupaba el puesto de honor y los parientes que le iban quedando –el tiempo existía- lo rodeaban tomando té con pasteles y alguna copita de anís.

Se oponían a la primera e imprescindible inyección. Porque la Santa Fe quelos aunaba repartía almas para que escucharan eternamente música de ángeles que jamás cambiarían de pentagrama -o tal vez sus cabecitas equivocas las hubieran grabado- o para disfrutar suplicios nunca concebidos por un policía terrestre.

De modo que, cuando aquellos litros de morfina dejaron de respirar, se miraron asintiendo y consultaron relojes. Eran las veinte en punto. Alguno encendió un cigarrillo, otros rindieron su fatiga a los sillones.

Ahora esperaban que la pudrición creciera, que alguna mosca verde, a pesar de la estación, bajara para descansar en los labios abiertos. Porque la Santa Iglesia les ordenaba respirar cadaverina, hediondez casi enseguida y adivinar la fatigosa tarea de siete generaciones de gusanos. Todo esto adecuado a los gustos de Dios que respetaban y temían. Los minutos pasan pronto cuando un diplomado vela por su fe.

Emilio, el más obediente a las manifestaciones indudables de la Divinidad, dijo:

-Che, aumentó la calefacción.

Más tarde, resolvieron bajar para dar la noticia, triste y esperada. Él estaba cenando y asintió con la cabeza. Luego, agradeció los servicios prestados y rogó que le fueran enviados los honorarios. Después señaló con un dedo a uno cualquiera de los uniformados y le ordenó ordenar a las radios, primicia para la suya, que difundiera la noticia,

Y quedó así, rehecha, corregida, discutida: “El Ministerio de Información y Propaganda cumple con el doloroso deber de anunciar que a las veinte y veinticinco Ella pasó a la inmortalidad.”

El médico Catalán subió los escalones de dos en dos, molestado por su pequeña maleta. Preparó la inyección y estuvo consternado palpando la frialdad del cuerpo.

Las puertas no se abrían y la multitud comenzó a porfiar y moverse. Los policías dejaron de ofrecer vasitos de café enfriado y de inmediato aparecieron vendedores de chorizos, de pasteles, de refrescos entibiados, de maníes, de frutas secas, de chocolatines. Poco ganaron porque el primer contingente comenzó a llegar a las nueve de la noche y provenía de barriadas desconocidas por los habitantes de la Gran Aldea, de villas miseria, de ranchos de lata, de cajones de automóviles, de cuevas, de la tierra misma, ya barro. Ensuciaban la ciudad silenciosos y sin inhibiciones, encendían velas en cuanta concavidad ofrecieran las paredes de la avenida, en los mármoles de ascenso a portales clausurados. A algunas llamas las respetaban la lluvia y el viento; a otras no. Allí fijaban estampas o recortes de revistas y periódicos, que reproducían infieles la belleza extraordinaria de la difunta, ahora perdida para siempre.

A las diez de la mañana les permitieron avanzar, dos metros cada media hora, y pudieron atravesar la puerta del ministerio, en grupos de cinco, empujados y golpeados; los golpes preferidos por los milicos eran los rodillazos buscando los ovarios, santo remedio para la histeria.

A mediodía corrió la voz de cuadra en cuadra, metros y metros de cola de lento avanzar: “Tiene la frente verde. Cierran para pintarla.”

Y fue el, rumor mas aceptado; porque, aunque mentiroso, encajaba a la perfección para los miles y miles de necrófilos murmurantes y enlutados.

Juan Carlos Onetti

 

Billete de Cien pesos, Homenaje a Eva Perón
En agosto de 1952, el Banco Central de la República Argentina, decide rendir homenaje a la Sra. Eva Duarte de Perón, re-diseñando el billete de 5 pesos, con su retrato en el anverso. En el reverso, una alegoría a su extraordinaria obra de ayuda social inmortalizaría su legado.

En pleno proceso de diseño, el Director de Casa de Moneda reclama la compra de elementos, maquinarias y papel especial para valores impresos en seco y llevar a cabo la emisión. Considerando que durante 1954 se lograría la normalización del trabajo acorde a las nuevas tecnologías incorporadas, pudiendo entonces imprimir cualquier tipo de billetes grabados en acero, con los últimos adelantos de seguridad y varios colores. Un desacuerdo contractual con el grabador Mario Baiardi y la prematura muerte del diseñador Renato Garrasi, demoraron la concreción del proyecto.

El advenimiento del golpe de estado autodenominado Revolución Libertadora significó el inicio de un plan sistemático para borrar las huellas del peronismo en Argentina. El billete de Eva pasaría así al ostracismo detrás de un mueble de Casa de Moneda, gracias a la intervención de un valiente empleado de la institución. Transcurrieron momentos difíciles y el boceto permaneció latente, esperando un beso de humedad para germinar.

Casi 60 años pasaron hasta que el proyecto fue descubierto. El arduo trabajo de documentación por parte del personal del Museo de Casa de Moneda dio sus frutos y a fines de 2011, el billete homenaje fue presentado en sociedad, junto con la intención explícita de hacerlo realidad.

Deja un comentario »

Batida en Pirineos Sur

“Batida” significa “ritmo”, es un proyecto músical y visual llevado adelante por el artísta Pedro Coquenao, una fusión de voces y ritmos tradicionales de Angola y Portugal. Se acaban de presentar en el Festival Internacional de las Culturas Pirineos Sur, y me parece que vale la pena echarle un vistazo. En el escenario son también muy importantes los bailes y danzas que acompañan a la Batida.

Deja un comentario »

“El buen conquistador” Manu Chao en Pirineos Sur

En el marco de la XXI edición del Festival Internacional de las Culturas, Pirineos Sur, “un modelo de festival sostenible donde se puede disfrutar de la cultura de una manera racional, sin masificaciones y en plena armonía con la naturaleza”, más precisamente en el auditorio natural de Lanuza (Huesca, España) hemos asistido al recital de Manu Chao, un artista de la vida y de la música tan inclasificable como encantador;  un amigo de Latinoamérica y de todo el mundo, que se ha inventado un nuevo mundo, lleno de alegría y esperanza, donde las causas justas y perdidas no parecen tan perdidas.

Sobre el escenario flotante de Lanuza, arropados por un entorno natural paradisíaco y protector, donde ya pusieron los pies mitos y leyendas de la música como Paco de Lucía, Bebo Valdés, Omara Portuando, Cesária Evora, entre otros muchos de una larga lista cosmopolita de músicos y cantantes que se viene labrando desde hace más de veinte años de festival.

A nosotros, que somos del sur, también nos consta que han pasado por el mismo escenario León Gieco, Andrés Calamaro, Vicentico, Fito Páez,  Jorge Drexler, Gilberto Gil, Carlinhos Brown, Compay Segundo, Elíades Ochoa, Lila Downs, Julieta Benegas (2012) y muchos más; músicos y cantantes que circulan por las venas abiertas y palpitantes de nuestra america latina y cruzan las fronteras,  invisibles para la música, para venirse a cantar, a bailar  y a tocar en los Pirineos,  verdaderos embajadores culturales de nuestras tierras, pero abiertos y dispuestos también  a mezclarse y a fusionarse con otras músicas del mundo, sobre todo con la música africana, con mucha prescencia en Pirineos Sur.

Y a este ya mítico escenario llegó finalmente Manu Chao con “La Ventura”, un cuarteto integrado por  Madjid Fahem (guitarra), Gambeat (bajo), Phillippe Teboul (batería) con el cual Chao también realizó una extensa gira latinoamericana titulada “La Ventura Tour”.

Con los primeros acordes, los mismos de siempre, dirán los detractores, pero inacabables, e inmensos, diremos nosotros; capaces de albergar, fusionar y darle un nuevo sentido, – “la marca Manu Chao”- a ritmos tan dispares como el punk rock de los Sex Pistols, la Chansón francesa de Georges Brassens, la rumba, el reggae y el guaguancó, y de envolvernos a todos, a las más de cinco mil personas que asistimos al concierto, en una energía benigna, llena de esperanza fuerza y alegría a la cual, por más que insistan los políticos y los mercados, no queremos renunciar.

Frágil en apariencia, porque tuvimos la suerte de verlo de cerca, desprovisto de credenciales, clandestino sin impostura alguna, natural y autentico, sin más atributos que su “vocecita rara” la guitarrita colgada en la espalda y el “palestino” anudado a la cintura, entró al escenario a los saltos, y la Ventura “forzó la máquina y se jugó la vida” tocando con inmensa generosidad y siempre con la misma intensidad, casi todo o buena parte del amplio reportorio Manu Chao:  Mr. Bobby, Politik Kill, Raiining Paradise, Expreso de Hielo, La Vida Tómbola, Clandestino, La Primavera, Me Gustas Tu, Rumba de Barcelona, y etc, y etc; desde Mano Negra hasta Radio Bemba, desde lo más nuevo a lo más intemporal, porque Manu Chao no pasa de moda, porque su trabajo no es una moda sino un mensaje musical y artístico de paz y amistad entre los pueblos, autentico y perdurable, entre tantos productos fugaces que en nuestra cultura global solo buscan el éxito inmediato, vacios de contenido, que por suerte- digo yo- se marchan antes de llegar.

La historia de encuentro y amistad de Manu Chao con Latinoamérica es intensa y digna de mención porque no obedece, ni se ajusta, al “modus operandi” de muchos músicos internacionales que ponen a Latinoamérica en su agenda solo por motivos comerciales : José Manuel Arturo Tomás Chao, nombre real de Manu Chao,- nacido en Galicia, criado en París, hijo del conocido escritor y periodista Ramón Chao-, hace veinte años que cruzó el atlántico en un barco de carga. Desembarcó en Venezuela y desde allí se largó a conocer los países y los pueblos  en “hua-hua”, o a bordo de un “Expreso de hielo”; viajes que han empapado a su música con todos los sabores y colores de nuestros  ritmos latinos, y hasta de un cierto realismo mágico, el de Carpentier y García Márquez,  en las letras de sus canciones (“Soñé que el fuego nevava, soñé que en la nieve ardía, soñé que tu me querías, soñé Colombia”), donde podemos escuchar también el sonido del viento (“Por la Carretera”); el mismo que sopla en la Comala de Juan Rulfo, aquel viento implacable que confunde a los vivos con los muertos, porque al final la muerte no existe…

Manu Chao llegó a Sudamérica, y sigue llegando, con el mismo espíritu aventurero de los antiguos conquistadores, dicho esto en el sentido épico del término, de gesta y de buena conquista; para intercambiar cultura y experiencias, para conocer la realidad y los problemas de su gente y solidarizarse- en la medida de lo posible, desde su lugar de artista- con las buenas causas, Los Derechos Humanos, la Justicia Social, y para robarnos después, en vez del oro, nuestros corazones.

Otra hubiera sido la historia si los españoles en vez de a Pizarro o a Lópe de Aguirre nos hubieran mandado a Manu Chao…

Deja un comentario »

Hello world!

Welcome to WordPress.com! This is your very first post. Click the Edit link to modify or delete it, or start a new post. If you like, use this post to tell readers why you started this blog and what you plan to do with it.

Happy blogging!

1 Comentario »