El Monstruo Asustado

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Geografía de los sueños

en enero 4, 2013

andyblog

A principios del siglo XXI, hace dos días nomás, le escuché decir al escritor y dramaturgo chileno Alejandro Jodorowsky que había logrado dirigir sus sueños conforme a su deseo. Para conseguirlo, decía, primero hay que estar consciente durante el sueño, es decir saber que estamos soñando, y luego- desde la conciencia agrego yo- generar una orden capaz de ingresar nuestro deseo en el  inconsciente para que allí  se ponga en escena, se represente, para luego poder observarlo. A este fenómeno se lo conoce como sueño lúcido.

De esta manera Jodorowski afirmaba que si quería soñar con elefantes que paseaban por el África, no tenía más que colocar las palmas de las manos tapándose los ojos- como en el Don Juan de Castaneda-, hasta quedarse dormido, desear elefantes, y al rato nomás, ya veía pasar frente a él a una manada de elefantes con sus trompas largas y sus grandes orejas; el método, aseguraba el chileno, era igual de eficaz tanto para elefantes como para pingüinos, o para soñar con Scarlett Johansson, digo yo. Solo era cuestión de proponérselo, y el deseo- en el sentido de querer soñar con algo en concreto- se cumplía en el sueño.

Aunque aquí no está en juego la credibilidad, se trata de otra cosa, una vez aceptado que es posible dirigir los sueños, lo más difícil de creer es que los elefantes o los pingüinos de Jodorowski no hablen o vuelen durante el sueño. Quiero decir que lo más difícil de aceptar es que el deseo consciente del soñante eluda las reglas del sistema inconsciente, y que en vez de figurarse como una suerte de collage surrealista, como acostumbra hacerlo, se muestre tal cual lo percibimos en la realidad cotidiana, en estado puro y concreto.

Conviene aclarar que el maestro Jodorowski, en  “La danza de la realidad”, “Psicomagia” y en distintas conferencias, también habla de muchos otros sueños lúcidos donde efectivamente las reglas del inconsciente deforman el deseo del soñante hasta convertirlo casi totalmente en otra cosa, donde, por mi parte, supongo que radica la verdadera magia de los sueños, y donde, por supuesto, surge el atractivo de aventurarse en su interpretación. El movimiento surrealista, sobre todo en su legado artístico pictórico, ha dado sobradas cuentas de ello. El psicoanálisis, me refiero a Sigmund Freud, había encontrado en los sueños una “vía regia” para acceder al inconsciente, pero, aunque reconoció la maravilla del fenómeno, no fue más allá de perseguir su sentido, siempre desde un punto de vista clínico. Jung fue un poco más allá, ya hablaremos de Jung; no se puede hablar de Carl Gustav Jung a la ligera, antes habrá que volver a la biblioteca, por lo menos con una tarde libre por delante y una botella de grapa en la mesa. Una cuestión de respeto, nomás…

El sueño, al menos para los psicoanalistas freudianos, es la escenificación de un deseo reprimido; un trabajo del sistema inconsciente en su intento de satisfacerlo; una formación del inconsciente que sabe algo del sujeto que el sujeto no sabe, diría el francés Lacan.

En este sentido, digo en el de conocerse a sí mismo a través de los sueños, el mundo onírico todavía sigue siendo un territorio apenas explorado. Sobre todo por la técnica y la ciencia, que más allá de describir someramente cómo funciona la maquinaria, poco o nada puede decirnos acerca del sentido de los sueños.

Antes que Jodorowski soñara con elefantes,  y de que  Sigmund Freud publicara “La Interpretación de los Sueños”, el sinólogo y escritor  francés León d´Hervey de Saint-Denys escribió en el año 1867 un ensayo llamado “Rêves et les moyens de les dirigier” (Los sueños y la manera de controlarlos). Este curioso personaje, un verdadero explorador nocturno, del cual proximamente hablaremos, también con botella de grapa, acostumbraba llevar un diario de su sueños,  «Este diario, que forman veintidos cuadernos repletos de figuras coloreadas, representa una serie de mil novecientas cuarenta y seis noches, es decir de más de cinco años.» Este  diario de sueños inspiró a Harvey de Saint Denys para escribir su ensayo. Allí afirmaba que es posible ser consciente de nuestros sueños mientras soñamos. A este fenómeno, que según el autor puede ser inducido mediante algunas técnicas y ejercicios, le llamó sueño lucido.

Aunque retumben como una campana, los elefantes de Jodorowski solo aparecen aquí para introducirnos al fascinante mundo de los sueños: Seguiremos soñando, seguiremos escribiendo…

La pintura que ilustra esta nota es de Andrés Armero, artista, surrealista, soñador perdido…

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