El Monstruo Asustado

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El fin del mundo ya llegó…

A pocos días de cumplirse la profecía Maya,  que anuncia el fin del mundo en los próximos días,  los seres humanos  en vez de redimirnos, abandonar nuestros vicios, pedir perdón por todo, rogar a nuestros dioses o a los cielos para que se nos brinde otra oportunidad,  confesar nuestros pecados o salir corriendo en busca de la tierra media,  nos hemos puesto a consumir  y a vender cosas compulsivamente como si de otra fiesta se tratara.

Hasta donde yo sé, los Mayas profetizaron el fin del mundo para estas fechas, pero no dijeron cómo se produciría; es decir, si acabaría todo de un segundo para otro, una suerte de Big Bang, que seguramente hubiéramos promocionado con alguna marca de cerveza, donde nuestro planeta explotaría y todos volveríamos a ser lo que un día fuimos, polvo de estrellas, o por  el contrario si nuestro mundo se acabaría de a poco, es decir en cómodas cuotas, primero Estados Unidos, de guerra, después Europa,  de hambre, la China, de tantos chinos, Siberia, de frío…

Es que no hacemos caso, es que no nos hemos tomado esta profecía para nada en serio porque el fin del mundo ya llegó: Comenzó en Connecticut, hace un par de días con la matanza de veinte niños que estaban en el colegio. El asesino era una adolescente americano llamado Adam, como el de Eva; estaba loco y tenía un arma con una capacidad de disparar 100 proyectiles en menos que canta un gallo, pero su nombre no importa; como el tarado que mató a Lennon,  dos telediarios más y ya se olvida. Adam también se cargó a seis adultos que pasaban por ahí, uno de ellos era su madre.

Lo escribo así, a propósito, con desapego, para acentuar el sin sentido, porque la falta de sentido, la caída de la humanidad en la locura, y que esta locura la paguen los otros, los niños, las madres, es el fin, el principio del fin…

Digo esto como Psicólogo, aunque mi título siga enrollado y  juntando polvo en lo alto de la biblioteca, porque todavía puedo discernir entre un pobre loco y un psicótico armado; es más, me parece que no hay que ir a la universidad para darse cuenta de esto. Permitir que un loco tenga un arma, que sepa utilizarla, es decir que además de tenerla practique algún tipo de entrenamiento para saber utilizarla sin que nadie repare en ello, es algo tan inaudito que solo puede suceder en los Estados Unidos.

Lo más lamentable, lo más triste es que esta tragedia, como la trágica estupidez del Madrid Arena, donde también llegó el fin del mundo,  es que podría haberse evitado. Primero, obviamente, quitándole las armas a Adam, segundo, encerrándolo en un loquero, tercero, prohibiendo definitivamente la venta de armas en Estados Unidos, y también en el resto del mundo, lo que, aunque suene a paradoja, nos permitiría dormir a todos más tranquilos.

Después, si queremos podemos sentarnos, encender la pipa, y decir que el chaval descargó su locura contra el mundo, y otras grandes verdades de ésas que acostumbramos a decir los psicoanalistas cuando el “caballo ya ganó la carrera”, porque aunque lo impredecible suceda, y por definición no pueda evitarse, algunas cosas no son tan difíciles de predecir: Volviendo al Madrid Arena, “en una cajita de fósforos no cabe un elefante”, como decía el  Ercy y el gurú Maharishi ; y a los americanos, “no le des patadas a los locos”, como dijo Charly.

Queridos amigos, ya saben, esto debería haber sido un mensaje navideño, pero ya ven como está el patio; de todas maneras en dos días, según los Mayas, se acaba todo, así que lo mejor- como dice el Tío Nari- será que nos pille confesados. Si quedo vivo para contarlo, les prometo que seguiré con este blog, diré que también hubo gente buena, Manu Chao, Bob Marley, El Pájaro,  Andresito, Mi vieja….

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