El Monstruo Asustado

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Las almas del doctor Weiss

weissLas almas del doctor Weiss
Medico de formación, especializado en psiquiatría, el doctor Brian Weiss es reconocido mundialmente por sus libros de divulgación sobre la existencia del alma, de una entidad espiritual, que habita nuestros cuerpos a través de muchas vidas. Ha escrito numerosos libros que abordan el tema de diversas maneras: “Muchas vidas muchos maestros”, uno de los primeros, es el resultado de una serie de experiencias terapéuticas, donde – en palabras del doctor Weiss- fueron los propios pacientes quienes le demostraron la existencia de “otra vida”, además de la que se ve, la del ego y el cuerpo.

A partir de aquí Brian Weiss se fue especializando en estos asuntos, complicados por cierto, difíciles de aceptar para una mente que se ha formado con el paradigma de la ciencia occidental, pero Weiss, a la vez que investigaba también iba experimentando “pequeños esbozos”, tanto en su consultorio privado de Miami con sus pacientes, como en su vida cotidiana con su compañera sentimental, que daban cuenta de su alma y de su tránsito por esta vida.

Una vez convencido de este fenómeno postuló en los seres humanos la existencia de vidas anteriores. “Todos somos partes de una misma alma”; “Nuestras almas transitan de un cuerpo a otro, de una vida a otra, en un camino evolutivo hacia la inmortalidad”, afirma Weiss. A partir de estos principios básicos ( en los que habrá que creer sin basamento científico) Brian Weiss propone un método terapéutico para sus pacientes mediante el cual, bajo hipnosis, facilita la regresión de la mente a “vidas pasadas”, siempre persiguiendo un objetivo terapéutico más allá de la consecuente anécdota. Para Weiss funciona más o menos así: Un alma en una vida pasada ( como ya hemos dicho en su tránsito evolutivo) lucha por elevarse hacia la espiritualidad mediante una serie de buenas acciones pero no siempre lo consigue. Algunas quedan prendadas, (de acuerdo a la época que les tocó, su karma, o su destino) de violencia, crueldad, egoísmos; de rabias, frustraciones, impaciencias, traumas, fobias y tantas otras emociones negativas, que pueden derivar en patologías psicológicas. Estas patologías, en mayor o menor medidad, afirma Weiss, se vienen arrastrando de una vida a otra.
En “Muchos cuerpos, una misma alma”, uno de los últimos trabajos de Weiss, la propuesta es que sí en libros anteriores y experiencias pasadas la regresión tenía un efecto terapéutico, es decir sanador y curativo, el tomar conciencia de existencias futuras también será positivo para , de alguna manera, “evaluar” si nos hemos conducido por el buen camino o al menos por el menos malo, al juzgar nuestra misión y nuestro destino en esta existencia. Este complejo problema es abordado, como en la mayoría de los libros de Weiss, a través de testimonios de sus propios pacientes en tránsito por vidas pasadas y futuras.
El método del doctor Weiss consiste entonces en detectar el origen de estas “emociones” o “conflictos” en las vidas pasadas para identificarlos en las vidas presentes de sus pacientes, y de esta manera – mediante la comprensión y la conciencia- quitarle su fuerza y liberar al que los padece de su carga negativa. Una suerte de psicoanálisis, pero con un mapa más amplio; los pacientes del doctor Weiss en vez de regresar a la infancia o a los primeros años de su vida, son capaces de regresar hasta la corte del faraón Ramsés III, en el antiguo Egipto, identificarse en aquella vida como un sacerdote o un esclavo que construye una pirámide, para tomar conciencia no solo de cuáles son sus conflictos, sino también anoticiarse de cuál es la misión en esta “reencarnación” presente y actual.
Son varios los temas y los problemas que se cruzan y se superponen en las teorías del doctor Brian Weiss. Desde el problema de la ciencia, el de la espiritualidad, el de la mente, el del cuerpo, el de la evolución y la conciencia, si se quiere, cuestionados desde un punto de vista religioso y filosófico, hasta el problema de la validez o no de las terapias alternativas, más conocidas como las de la “new age”. Lo cierto es que además de todos estos tópicos, por demás interesantes, los libros del doctor Weiss hablan fundamentalmente de elevarse como ser humano mediante la entrega, la aceptación y el amor con la ayuda de la comprensión y la meditación.
Aunque no siempre el punto de vista del lector coincide con el del escritor, para un gran número de personas a las cuáles la vida “no se lo ha puesto nada fácil” los libros de Weiss más que recomendables son imprescindibles.

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Luna Negra

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Provocadora, ya desde la portada, transgresora de la primera hasta la última página, tragicómica, “los hermanos Marx de polizontes en la barca de Ulises el Griego”, Luna Negra es una novela que alberga muchas otras novelas, pero sobre todo es la novela de un amigo. No digo esto para justificar las licencias; la aclaración vale la pena porque Luna Negra, entre muchas otras cosas, trata preferentemente sobre la amistad.

Una amistad entre dos personajes, entre Pablo Vega y el Gato principalmente, y también entre Vega y Eva, protagonista femenina del relato, con romance circunstancial de por medio; entre Eva y el Mono, con romance fugaz, y entre Eva y el Gato, donde surge finalmente el amor definitivo.

Y amistad, también entre los cuatro personajes, claro, cuando juntos van a visitar a Taboada, el brujo- un personaje con conciencia de personaje-, gracias al cual Bertotti en la segunda parte de la novela, “La Línea Recta”, mete a todos los personajes – también a los lectores- en el “Sueño de los Héroes”; un singular homenaje al escritor argentino Adolfo Bioy Casares.

Pero Luna Negra no acaba aquí, más allá de los vínculos de amistad (indestructibles cuando sus lazos se fraguan en la supervivencia), estos cuatro personajes viven eternas desventuras; como si Taboada, con aquel extraño conjuro, los hubiera condenado a vivir una en una eterna pesadilla de ficción. Pesadilla en la cual se puede hablar, tomar mate y fumar, pero no se puede salir: “Golpea que te van a abrir”, parece decirles Bertotti, negándoles el acceso a lo real, a la realidad, derecho a vida propia y carnet de identidad… De manera que no les queda más que hablar y girar, como en aquel tango, bajo una Luna Negra perra y oscura que no quiere iluminarlos.

Dando vueltas en círculo, como el perro que se muerde la cola, nunca llegan a ninguna parte; deambulan entre rayuela y laberinto, construyen espirales existenciales y narrativos; los destruyen y vuelven a empezar de cero: ” ¿A cuánta gente tendrían que haber fusilado los Montoneros si hubieran ganado?”.

Como almas en pena se cansan de tanto andar, se tornan cada vez más frágiles y vulnerables. En la ciudad sigue lloviendo y hace frío, desamparados buscan cobijo bajo las carpas de los pastores del apocalipsis pero no dan la talla. Tampoco la pavada, no se trata de aferrarse a cualquier cosa con tal de zafar. Los personajes de esta novela, pero sobre todo Pablo Vega y el Gato, luchan por escapar del conformismo sin tomar la línea recta; falso punto de fuga desde donde, como de la traición y de ciertas etiquetas de cigarrillos, según Bertotti, ya no se vuelve. La línea recta es el fin, el principio del fin.

Subidos al “bondi” con el “Capitán Beto” recorren una ciudad rioplatense y afantasmada que ya no es lo que era, que ha caído en desgracia, devastada y saqueada por cipayos de peluquín en nombre de la economía de mercado. Este es el escenario de Luna Negra, el marco opresivo y sin moral, abundante en calabozos y muertos vivos, por donde deambulan sus personajes.
Con todo, Gabriel Bertotti no se arredra, escribe por encima del escenario y de la historia que tratan de contar los personajes para convertir al lenguaje en el verdadero protagonista de la novela. En busca de un estilo propio, las voces de Manuel Puig y de Roberto Arlt resuenan de ultratumba, sugieren un camino.

Es obvio que recomiendo desde este humilde blog que lean esta novela. Y no solo porque conozco al autor, sino también porque Gabriel no tiene que demostrarle nada a nadie en cuanto a literatura se refiere, lo que le ha permitido escribir libremente, simplemente por el placer de hacerlo, sin pretensiones, ni prejuicios.

Después de tantos elogios que Luna Negra ha recibido, merecidos todos, solo queda por decir que se trata de la obra de un escritor valiente; sí, de alguien que además de escribir “jodidamente” bien, escribe con el coraje y la sabiduría de los que tienen calle: A narrar bien, a saber contar historias, como a pelear, se aprende en la calle: “La amistad y el barrio, junto con una misión kármica de redención, son las tres componentes que te determinan”. No lo digo yo, se lo dijo al Narigón el astrólogo Bader…

*Editada por Sol de Ìcaro, Luna Negra está disponible en Amazon.es

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La Mansión de los Altos Estudios

Para los astrólogos la Casa de los Altos Estudios es la casa número nueve, la del tránsito de  tapa blog grande1formación espiritual, la educación superior, la filosofía, los viajes, las profesiones, la ciencia y la búsqueda del significado de la vida; la forma en que cada persona concibe el mundo… Estos datos los tuve después de haber elegido el título de la novela, lo que demuestra, como dice Cortázar, que “la casualidad suele hacer muy bien las cosas” puesto que de todos estos asuntos, con mayor o menor acierto, se habla en este libro.

Cuando se publica una novela los escritores suelen decir que se ha cerrado un ciclo, dando a entender que pronto se iniciará otro, otra novela, un nuevo libro. En este sentido, La Mansión de los Altos Estudios no se convirtió en un proyecto de novela hasta que el autor, dicho esto en un sentido literal, no acabó de cerrar todas las puertas de aquella casa, o de abandonar todas aquellas casas que habitó en su primera juventud. Ya en el prólogo de la novela Olga Orozco nos advierte: “Había en varios tiempos varias casas que eran una sola casa”.

La Mansión de los Altos Estudios comenzó a vivirse antes que a escribirse, pero, en este caso, la   experiencia no precede en el pasado a la narración en el futuro, como sucede naturalmente en la mayoría de las novelas, aquí todo sucede de manera simultánea, la experiencia junto a la experiencia de contarla; narrada con insistencia en un continuo presente, cada vez que un lector entra en la casa algo está sucediendo. Dicho de otra manera, todos están vivos, personas, personajes y lectores, salvo el escritor, no muerto pero ausente, que trata de alejarse sin hacer demasiado ruido, y de borrar sus huellas antes de quedarse dormido.

Una vez que el autor se aleja, el proyecto de escribir la novela comienza a cobrar forma. Tiene pinta de novela experimental, en el sentido de experimento de laboratorio; una mezcla rara de tonos, tiempos y géneros diferentes; un cóctel explosivo de personas y personajes que al ingerirlo sabe a todos y a ninguno; otra vez Olga Orozco: “Hasta que se devore eso que habitualmente llamamos rostro y se pueda ver quién es quién lo devora”.

Cuando el que escribe acepta su condición de personaje, cuando el observador se confunde con lo observado, por lógica, se acaba escribiendo sobre la experiencia de escribir una novela; en este caso acerca de la imposibilidad de escribirla: “Escribo sin conocer el desenlace de lo que escribo. Busco en tus líneas mi imagen en la lámpara encendida en la mitad de la noche…” Octavio Paz.

Por lo demás, esta novela está escrita como cualquier otra, introducción, nudo y desenlace, y puede leerse de la misma manera – quizás con un poco más de fe- que cualquier otra novela que acaba de publicarse o que anda por ahí.

Aunque en la Mansión de los Altos Estudios sucedan cosas extrañas, paredes que hablan, escritores con turbante y payadores de ultratumba, también puede leerse como la metáfora de un país que se destruye antes de construirse; un curso de supervivencia, o un libro de autoayuda para aceptar lo inevitable; o mejor dicho que no podemos tirar el córner y saltar a cabecearlo, aquello que tenga que suceder sucederá…
Espero que les guste este libro que escribí.

Editada por “Novum Publishing”, a los que agradezco su paciencia, la novela está disponible en Amazon y en la librería de la Editorial.
Amazon.com

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Geografía de los Sueños II : El mar de Solaris

solaris

“Solaris es el nombre de una novela de ciencia ficción de Stanisław Lem que transcurre en el planeta de nombre homónimo, publicada en Varsovia (Polonia) en 1961. Se trata, sin duda, de la obra más conocida del autor, y ha sido adaptada al cine por el director soviético Nikolái Nirenburg (“Solaris”) en 1968, por el también soviético Andrei Tarkovsky (“Solaris”) en 1972 y por el estadounidense Steven Soderbergh (“Solaris”) en el 2002.”

Con todos los adelantos técnicos del siglo XXI la Solaris de Soderbergh, donde el carismático George Clooney interpreta al doctor Kris Kelvin, no es tan inquietante como la de Tarkovsky, cuya lentitud, la pereza con la que se suceden todas las imágenes es casi tan perturbadora como la soledad de su protagonista. La banda sonora, para escuchar exclusivamente con auriculares y con los ojos cerrados, tanto en la vieja como en la reciente Solaris, detiene el pensamiento y en su lugar aparecen remansos de silencio; solo en silencio es posible escuchar el oleaje del mar.El del Atlántico salvaje, por ejemplo, aquel que ruge en Sauce Grande, o el del mar Mediterráneo, cuando sopla de levante, aquí, más cerca, a pocos metros de mi nave. Pero aquí lo que nos interesa es el mar de Solaris, mejor dicho el océano de Solaris, porque estábamos hablando de los sueños, de la geografía de los sueños.

George Clooney, el de la sonrisa perfecta, en su rol de psicólogo espacial, llega a una estación de observación que han puesto en Solaris para investigar sucesos extraños, argumento que las series de ciencia ficción han reproducido hasta el cansancio, pero aquí, es decir en la novela de Stanislaw Lem, no se encuentra con ningún Allien ni calamar gigante, se encuentra con un océano inteligente que lo desafía y perturba más allá de su racionalidad.

Tampoco yo entendí si era el océano de Solaris el culpable de todo, del desorden y el desconcierto con el que Clooney se encuentra a su llegada en la estación espacial, de un suicidio y de otras yerbas, o si aquel despelote se debía a una extraña enfermedad producida por la toxicidad de la atmósfera en ese planeta. Lo que sí me quedó claro era que el mar de Solaris, misteriosamente provisto de una inteligencia superior, era el que fabricaba a los “visitantes” y los introducía en los sueños de los tripulantes de la estación espacial.

Entonces, en medio de su investigación George Clooney se toma un descanso y sueña con su mujer. Su mujer era muy bonita y está muerta, pero esto no le preocupa a Clooney, porque no tiene nada de raro, es muy común soñar con muertos; con muertos que reviven, o con muertos que no hacen ruido; también con muertos que hablan y después jugar cierto número a la quiniela, lo más normal del mundo…

Lo raro, aquello que George Clooney no puede entender, que no le cabe en la escafandra gigante que lleva en la cabeza, es que su bella mujer salga del sueño y vuelva a estar con él bajo la apariencia de un ser real, como un fantasma que no hubiera muerto. Salvando las distancias, lejos de la imaginación de Lem, podría ser algo así como si soñáramos con un objeto determinado, por ejemplo con un Buda o con un perrito de escayola, por decir algo, y cuando despertáramos tuviéramos al Buda o al perrito de yeso sujeto en la mano. ¿Inquietante no?

Lo cierto, al menos hasta dónde yo sé, es que en los sueños soñamos con “todo”, con objetos raros y comunes, personas, personajes, países, valles, unicornios, estrellas, con gallos y enanos, pero siempre volvemos de los sueños con las manos vacías, sin nada; apenas con un difuso recuerdo que enseguida se nos escapa, con un ligero malestar o bienestar, si hubo suerte; apenas un rastro del escenario o de la persona, o de la cosa, con la que habíamos estado soñando. Pero en Solaris sucede algo raro. Volvamos a la mujer de Clooney, ella tampoco sabe bien de dónde ha salido, tampoco de qué va la historia; se acerca a George, éste se aleja, discuten, no logran entenderse , George se asusta y resuelve “mejor de quito de líos, la meto en una nave y que desaparezca de nuevo”, de modo que trata de hacer desaparecer a su mujer metiéndola en una cápsula y lanzándola al espacio exterior ( en la Solaris del 72 la metían en un cohete parecido al de Tintín en Objetivo la Luna ).

La mujer regresa, Clooney no logra deshacerse de ella, en fin, no voy a contar el final de la película, tampoco importa porque la única idea que vale la pena en este artículo, o por lo menos la única que nos sirve para nuestra geografía, es aquella de volver de un sueño con algo en la mano; por supuesto que no quiero decir “con algo” exclusivamente material.
Es una buena idea para un cuento. Desde el más allá, el objeto que se materializa a través del sueño, quiere decir algo, puede ser un mensaje; en este caso la mujer del psicólogo astronauta, o cualquier otra cosa que provenga del sueño, se convierte en un enigma que tendrá que descifrar el protagonista del mismo sueño…

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Geografía de los sueños

andyblog

A principios del siglo XXI, hace dos días nomás, le escuché decir al escritor y dramaturgo chileno Alejandro Jodorowsky que había logrado dirigir sus sueños conforme a su deseo. Para conseguirlo, decía, primero hay que estar consciente durante el sueño, es decir saber que estamos soñando, y luego- desde la conciencia agrego yo- generar una orden capaz de ingresar nuestro deseo en el  inconsciente para que allí  se ponga en escena, se represente, para luego poder observarlo. A este fenómeno se lo conoce como sueño lúcido.

De esta manera Jodorowski afirmaba que si quería soñar con elefantes que paseaban por el África, no tenía más que colocar las palmas de las manos tapándose los ojos- como en el Don Juan de Castaneda-, hasta quedarse dormido, desear elefantes, y al rato nomás, ya veía pasar frente a él a una manada de elefantes con sus trompas largas y sus grandes orejas; el método, aseguraba el chileno, era igual de eficaz tanto para elefantes como para pingüinos, o para soñar con Scarlett Johansson, digo yo. Solo era cuestión de proponérselo, y el deseo- en el sentido de querer soñar con algo en concreto- se cumplía en el sueño.

Aunque aquí no está en juego la credibilidad, se trata de otra cosa, una vez aceptado que es posible dirigir los sueños, lo más difícil de creer es que los elefantes o los pingüinos de Jodorowski no hablen o vuelen durante el sueño. Quiero decir que lo más difícil de aceptar es que el deseo consciente del soñante eluda las reglas del sistema inconsciente, y que en vez de figurarse como una suerte de collage surrealista, como acostumbra hacerlo, se muestre tal cual lo percibimos en la realidad cotidiana, en estado puro y concreto.

Conviene aclarar que el maestro Jodorowski, en  “La danza de la realidad”, “Psicomagia” y en distintas conferencias, también habla de muchos otros sueños lúcidos donde efectivamente las reglas del inconsciente deforman el deseo del soñante hasta convertirlo casi totalmente en otra cosa, donde, por mi parte, supongo que radica la verdadera magia de los sueños, y donde, por supuesto, surge el atractivo de aventurarse en su interpretación. El movimiento surrealista, sobre todo en su legado artístico pictórico, ha dado sobradas cuentas de ello. El psicoanálisis, me refiero a Sigmund Freud, había encontrado en los sueños una “vía regia” para acceder al inconsciente, pero, aunque reconoció la maravilla del fenómeno, no fue más allá de perseguir su sentido, siempre desde un punto de vista clínico. Jung fue un poco más allá, ya hablaremos de Jung; no se puede hablar de Carl Gustav Jung a la ligera, antes habrá que volver a la biblioteca, por lo menos con una tarde libre por delante y una botella de grapa en la mesa. Una cuestión de respeto, nomás…

El sueño, al menos para los psicoanalistas freudianos, es la escenificación de un deseo reprimido; un trabajo del sistema inconsciente en su intento de satisfacerlo; una formación del inconsciente que sabe algo del sujeto que el sujeto no sabe, diría el francés Lacan.

En este sentido, digo en el de conocerse a sí mismo a través de los sueños, el mundo onírico todavía sigue siendo un territorio apenas explorado. Sobre todo por la técnica y la ciencia, que más allá de describir someramente cómo funciona la maquinaria, poco o nada puede decirnos acerca del sentido de los sueños.

Antes que Jodorowski soñara con elefantes,  y de que  Sigmund Freud publicara “La Interpretación de los Sueños”, el sinólogo y escritor  francés León d´Hervey de Saint-Denys escribió en el año 1867 un ensayo llamado “Rêves et les moyens de les dirigier” (Los sueños y la manera de controlarlos). Este curioso personaje, un verdadero explorador nocturno, del cual proximamente hablaremos, también con botella de grapa, acostumbraba llevar un diario de su sueños,  «Este diario, que forman veintidos cuadernos repletos de figuras coloreadas, representa una serie de mil novecientas cuarenta y seis noches, es decir de más de cinco años.» Este  diario de sueños inspiró a Harvey de Saint Denys para escribir su ensayo. Allí afirmaba que es posible ser consciente de nuestros sueños mientras soñamos. A este fenómeno, que según el autor puede ser inducido mediante algunas técnicas y ejercicios, le llamó sueño lucido.

Aunque retumben como una campana, los elefantes de Jodorowski solo aparecen aquí para introducirnos al fascinante mundo de los sueños: Seguiremos soñando, seguiremos escribiendo…

La pintura que ilustra esta nota es de Andrés Armero, artista, surrealista, soñador perdido…

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El fin del mundo ya llegó…

A pocos días de cumplirse la profecía Maya,  que anuncia el fin del mundo en los próximos días,  los seres humanos  en vez de redimirnos, abandonar nuestros vicios, pedir perdón por todo, rogar a nuestros dioses o a los cielos para que se nos brinde otra oportunidad,  confesar nuestros pecados o salir corriendo en busca de la tierra media,  nos hemos puesto a consumir  y a vender cosas compulsivamente como si de otra fiesta se tratara.

Hasta donde yo sé, los Mayas profetizaron el fin del mundo para estas fechas, pero no dijeron cómo se produciría; es decir, si acabaría todo de un segundo para otro, una suerte de Big Bang, que seguramente hubiéramos promocionado con alguna marca de cerveza, donde nuestro planeta explotaría y todos volveríamos a ser lo que un día fuimos, polvo de estrellas, o por  el contrario si nuestro mundo se acabaría de a poco, es decir en cómodas cuotas, primero Estados Unidos, de guerra, después Europa,  de hambre, la China, de tantos chinos, Siberia, de frío…

Es que no hacemos caso, es que no nos hemos tomado esta profecía para nada en serio porque el fin del mundo ya llegó: Comenzó en Connecticut, hace un par de días con la matanza de veinte niños que estaban en el colegio. El asesino era una adolescente americano llamado Adam, como el de Eva; estaba loco y tenía un arma con una capacidad de disparar 100 proyectiles en menos que canta un gallo, pero su nombre no importa; como el tarado que mató a Lennon,  dos telediarios más y ya se olvida. Adam también se cargó a seis adultos que pasaban por ahí, uno de ellos era su madre.

Lo escribo así, a propósito, con desapego, para acentuar el sin sentido, porque la falta de sentido, la caída de la humanidad en la locura, y que esta locura la paguen los otros, los niños, las madres, es el fin, el principio del fin…

Digo esto como Psicólogo, aunque mi título siga enrollado y  juntando polvo en lo alto de la biblioteca, porque todavía puedo discernir entre un pobre loco y un psicótico armado; es más, me parece que no hay que ir a la universidad para darse cuenta de esto. Permitir que un loco tenga un arma, que sepa utilizarla, es decir que además de tenerla practique algún tipo de entrenamiento para saber utilizarla sin que nadie repare en ello, es algo tan inaudito que solo puede suceder en los Estados Unidos.

Lo más lamentable, lo más triste es que esta tragedia, como la trágica estupidez del Madrid Arena, donde también llegó el fin del mundo,  es que podría haberse evitado. Primero, obviamente, quitándole las armas a Adam, segundo, encerrándolo en un loquero, tercero, prohibiendo definitivamente la venta de armas en Estados Unidos, y también en el resto del mundo, lo que, aunque suene a paradoja, nos permitiría dormir a todos más tranquilos.

Después, si queremos podemos sentarnos, encender la pipa, y decir que el chaval descargó su locura contra el mundo, y otras grandes verdades de ésas que acostumbramos a decir los psicoanalistas cuando el “caballo ya ganó la carrera”, porque aunque lo impredecible suceda, y por definición no pueda evitarse, algunas cosas no son tan difíciles de predecir: Volviendo al Madrid Arena, “en una cajita de fósforos no cabe un elefante”, como decía el  Ercy y el gurú Maharishi ; y a los americanos, “no le des patadas a los locos”, como dijo Charly.

Queridos amigos, ya saben, esto debería haber sido un mensaje navideño, pero ya ven como está el patio; de todas maneras en dos días, según los Mayas, se acaba todo, así que lo mejor- como dice el Tío Nari- será que nos pille confesados. Si quedo vivo para contarlo, les prometo que seguiré con este blog, diré que también hubo gente buena, Manu Chao, Bob Marley, El Pájaro,  Andresito, Mi vieja….

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El boom latinoamericano por Julio Cortázar

A propósito del cincuentenario del mal llamado “boom” latinoamericano, las palabras de nuestro querido Julio Cortázar son las más sensatas, y actuales, que he escuchado. Nadie, salvo contadas excepciones, se ha manifestado con respecto al “bomm” en este sentido.

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Oh Libertad !!! Adíos mi España querida II

Las recientes declaraciones de la Delegada del Gobierno Cristina Cifuentes sobre “modular” los derechos ciudadanos a manifestarse han levantado una falsa polémica.

Cifuentes, a propósito de la última manifestación de la ciudadanía española del 25 de septiembre en contra de los recortes presupuestarios, declaró que no era su pretensión recortar derechos, sino “compatibilizar” los derechos a manifestarse con los de la libre circulación de los ciudadanos, derechoa circular sin molestias por la ciudad, siempre en referencia a Madrid, donde según la delegada son demasiado frecuentes las manifestaciones, lo que complica el normal ritmo de vida en la capital española.

Falsa polémica digo, porque este no es el problema: Si la delegada quiere una ciudad ordenada y en paz, extensivo a un país ordenado y en paz, el gobierno podría evitar las manifestaciones gobernando para los ciudadanos y no para los mercados.

Falsa polémica, también la que quiere instalar la derecha mediática cuando, en vez de dirigir su “foco tuerto” de atención hacia las causas de las últimos manifestaciones populares en España ( las alarmantes cifras del paro, los recortes en educación y sanidad, el aumento de la pobreza, la desaparición del estado de bienestar, la falta de representación de la clase política) se empeñan en agitar los peores fantasmas del fascismo: “Las manifestaciones están organizadas por grupos de ultraizquierda”, “Tienen la intención de tomar el congreso”., “Buscan sembrar el caos y la anarquía en la sociedad española”, “Ocupan ilegalmente espacios públicos”, “Provocan disturbios que justifican la represión policial, siempre en salvaguarda de nuestro sistema democrático”. A todos los que han participado del 15 M los han calificado de anti sistemas, comunistas, anarquistas, socialistas, perroflautas, hippies transnochados, okupas; que “huelen mal, que no se bañan, y que tienen la hora que falta en Canarias…”

Pero, volvamos al tema. Lo que le preocupa a la delegada no son los polis apaleando a chicos y chicas de 15 años, como se ha visto en la tele, sino que en Madrid no se pueda circular tranquilo, que no se pueda aparcar, que los comerciantes tengan que cerrar sus locales para que no les rompan los cristales, que los turistas no puedan comprar abanicos y castañuelas en las tiendas de souvenires de la Gran Vía. Lo que no deja de ser cierto, pero son los “daños colaterales” de toda manifestación popular donde se juntan más de 20 o 25 mil personas, en un solo día, en un solo lugar, de todas maneras, aunque sea lamentable, no tienen la culpa, ni son responsables de esto los manifestantes, quienes, también hay que decirlo tratan de ser los más organizados posibles y de marchar y protestar en paz; los que “provocan” la manifestación, y en última instancia los posibles disturbios, son las políticas de gobierno cada vez más alejadas de los ciudadanos y más cerca de proteger “su propio pellejo”, el de su partido político, y de sus mandatarios en servicio de los intereses económicos de los mercados y de los inversores ( ¿Por qué no decir especuladores?) que terminarán, en el mejor de los casos, beneficiando a algunos pocos.

Los derechos de unos, no pueden estar por encima de los derechos de otros, insiste Cifuentes, en defensa de los sectores más conservadores de la sociedad, aquellos que dice Rajoy “hacen bien quedándose en casa”, pero los derechos de los ciudadanos de a pie, últimamente pisoteados por las políticas de ajuste neoliberales, tampoco pueden estar por debajo de las leyes constitucionales; en tanto y en cuanto el derecho a manifestarse y a la libertad de expresión son las señas de identidad de cualquier sistema democrático que se precie de tal.

Un periodista argentino, a propósito de la abundancia de manifestaciones en la Ciudad de Buenos Aires, dijo que él no tenía nada en contra de los derechos a protestar de la gente, pero que le impedían tomar el autobús, que tenía que ir andando y llegaba tarde a su trabajo; propuso entonces, que los manifestantes se manifestaran a las afueras de la ciudad; sugirió al gobierno la creación de un espacio más “adecuado” para tal fin, en donde la gente protestara en paz, agitara banderas y tocaran el bombo, sin molestar a nadie; un “manifestódromo”, dijo, como el “sambódromo” que tienen los brasileños para festejar el carnaval…

No está mal, cambiando lo que hay que cambiar, Cifuentes podría “adecuar” la legislación actual – como ha sugerido- sin cambiar ni reformar ningún artículo, solamente bastaría con agregar un anexo que ordenase la creación de “manifestodromos” a las afueras de la ciudad , lo más lejo posible de la Plaza de Neptuno o de la del Sol; por ejemplo en la Sierra de Madrid, o mejor en el desierto de los Monegros, o en la Pedanía de Huelva, donde los manifestantes no molestarían a nadie, y tampoco llamarían la atención de nadie. Allí podrían expresar su descontento todos los sectores sociales; los del 15 M, los Mineros de Asturias, los sindicalistas, los funcionarios recortados, los médicos, y también los del orgullo gay, los obispos a favor de la familia y en contra del aborto, y cuando viene el Papa; eso sí, en diferentes días, para no molestarse…

Más allá de la “cruel ironía de siempre” – la forma más directa que encuentro en estos tiempos de hipocresía y temblor para decir las cosas-, el derecho a manifestarse y a expresar libremente nuestras opiniones sea tal vez el último derecho que nos queda; nuestro derecho a la libertad, imposible de “ser recortado”, ni silenciado, porque nuestra necesidad de quejarnos, de expresar un malestar y querer superarlo; es genética, nacemos con ella, “el que no llora no mama”, y se hace más fuerte en los primeros años de vida, es nuestra garantía de supervivencia como seres humanos.

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Libros Libres…

Los libros, me refiero al “objeto libro”, cuando están cerrados suelen descansar en una biblioteca, pero tampoco es ninguna novedad que los libros viajen; que abandonen por un tiempo la ciudad y que se vayan a las montañas o al mar, por ejemplo cuando el lector sale de vacaciones, o cuando debe trasladarse de un lugar a otro y lleva lectura para el viaje. Tampoco es ninguna novedad que algunos libros no regresen a la biblioteca, que se queden olvidados en los hoteles, en casas de verano, en los aeropuertos o en las estaciones de trenes. El libro perdido, puede que tenga suerte, que lo encuentre un futuro lector; alguien a quien le gusten los libros, o simplemente recoger cosas perdidas, que se lo lleve a su casa y lo salve del contenedor o del olvido.

Todo esto que acabo de decir tal vez venga sucediendo desde que se han inventado los libros, y es algo que sucede casi a diario, digo yo; pero la novedad es que alguien –no sé quién, habría que buscarlo en la wikipedia-, tal vez inspirado en estos párrafos introductorios que acabo de escribir, o quizás porque ése día no tenía otra cosa mejor que hacer, tuvo la feliz  idea de propiciar este viaje de los libros.

La idea consiste en coger un libro, de alguna manera etiquetarlo, (como aquellos ornitólogos que le ponen un anillo a una gaviota o a un pajarito para luego estudiar su derrotero), y dejarlo suelto, “libre como un perrito sin dueño”, en algún lugar de la ciudad o del mundo. Y es aquí donde empieza la aventura, el verdadero viaje del libro; quiero decir un viaje premeditado, sin rumbo ni destino, pero propiciado por alguien. Lo mejor que le puede suceder a un libro, por supuesto, es que encuentre lectores, aunque la idea de esta iniciativa es que el libro viaje, que el libro camine.

El sitio de internet “Book Crossing.com” se dedica a propiciar esta iniciativa. Se trata de una página web donde, además de instruirnos en el asunto de cómo “liberar un libro” – así le llaman ellos- nos permite también realizar un seguimiento del libro que hemos puesto en viaje, o del libro que nos hemos encontrado en la calle, siempre y cuando- como la paloma- ya venga etiquetado.

Para ser más claro, pondré dos ejemplos:

1)    Acabo de encontrar un libro en la estación de trenes de Barcelona – no importa cuál, puede ser cualquiera, “Luna Negra”, de Gabriel Bertotti o el Ulises de Joyce-, para el caso da igual, y  nos encontramos con que en su portada dice “Libro Libre” y que en las primeras páginas lleva una etiqueta con un código numérico. Pues entonces, después de leerlo aunque esto no es imprescindible, ya es cosa de cada uno, nos vamos al ordenador, ponemos “Book Crossing.com “y en menos que canta un gallo podemos saber de dónde viene y en dónde estuvo el libro. También cuanto tiempo hace que emprendió el viaje. Una vez leído, la gente de BooK Crossing aconseja volver a “liberarlo”.

2)    Tengo un libro o varios libros y quiero “liberarlos”. Muy bien en Book Crossing pueden adquirirse las etiquetas para darle identidad al libro, es decir, brindarle un código propio con el cual iniciará el viaje. También, el “liberador de libros” – lindo título para una novela- por medio del código, siempre en la misma web, puede seguir su derrotero. El lugar dónde dejarlo está sujeto al libre albedrío del liberador.

Si no se ha entendido bien, olvídense de todo lo que he dicho; dejen a los libros descansar tranquilos en los estantes de la biblioteca, piensen en otra cosa y disfruten del video de Caetano Veloso.

 

 

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“Ella”, Por Juan Carlos Onetti

 

 

 

 

Cuando Ella murió después de largas semanas de agonía y morfina, de esperanzas, anuncios tristes desmentidos con violencia el barrio norte cerró sus puertas y ventanas, impuso silencio a su alegría festejada con champán. El más inteligente de ellos aventuró: “Qué quieren que les diga. Para mí, y no suelo equivocarme, esto es como el principio del fin”.

Tantas cosas, pobres millonarios, les había hecho tragar Ella. Y lo triste era que Ella había sido infinitamente más hermosa que las gordas señoras, sus esposas, todavía con olor a bosta como dijo un argentino. Ahora también podían tragarse las sonrisas cordiales con que habían acogido las órdenes y las humillaciones. Porque todos sentían, sin más pruebas que discursos vociferados en la Plaza Mayor, que Ella era, en increíble realidad, mas peligrosa que las oscilaciones políticas económicas y turbias de Él, el mandatario mandante, el que a todos nos mandaba.

Cuando al fin Ella murió, rematando esperanzas y deseos, estábamos a fin de julio; en una fecha abundante en crueldades, en frío, viento, aguacero. De los cielos negros de nubes y noche caía una lluvia lenta, implacable, en agujas que, amenazaban ser eternas; Se desinteresaban de abrigos y pieles humanas para empapar sin dilaciones huesos y tuétanos.

La humedad aumentaba el mal olor de las gastadas ropas de luto improvisado: casi inmóviles, sin palabras porque su desdicha tenía un solo culpable y este no podía ser nombrado aunque dueño del frío, de la lluvia, el viento y la desgracia.

Según la pequeña historia, tantas veces más próxima a la verdad que las escritas y publicadas con H mayúscula, cinco médicos rodeaban la cama de la moribunda, y los cinco estaban de acuerdo en que la ciencia tiene sus límites.

Y en la planta baja, impaciente, paseándose, atendiendo las preguntas telefónicas que le hacían los periodistas amigos o dadivosos, había otro hombre, talvez también medico, aunque esto no tenga la menor importancia. Era un Catalán, embalsamador de profesión, conocido y llamado por Él desde hacia un mes para evitar que el cuerpo de la enferma siguiera el destino de toda carne.

Y había una lucha silenciosa pero tenaz entre los cinco de arriba y el solitario de abajo. Porque si éste solo creía con distracción en la Virgen de Montserrat, los de encima, estaban divididos entre la de Lujan, la de La Rioja, la de las Siete Llagas, entre la de San Telmo y la del Socorro. Pero coincidían en lo fundamental, en la Santa Iglesia Apostó1ica y Romana. Y creían en los eructos dominicales de los curas.

Para cumplir lo contratado con Él, el embalsamador Catalán tenía que aplicar una primera inyección al cadáver media hora antes de ser decretado tal. Los pertinaces creyentes del piso superior se oponían a toda intención de embalsamar, pese a que el contratado Catalán había repartido generoso pruebas indiscutibles de su talento. Recuerdo la foto, en un folleto, de un niño muerto a los doce anos, plácidamente colocado en un sillón y luciendo un traje marinero impecable. Lo exhibían cada vez que la momia hubiera tenido que cumplir años, él se burlaba, el tiempo no existía, sus mejillas seguían rosadas y sus ojos de vidrio brillaban con malicia cuando, inexorablemente, cumplía una fecha de muerto. Dos veces al año ocupaba el puesto de honor y los parientes que le iban quedando –el tiempo existía- lo rodeaban tomando té con pasteles y alguna copita de anís.

Se oponían a la primera e imprescindible inyección. Porque la Santa Fe quelos aunaba repartía almas para que escucharan eternamente música de ángeles que jamás cambiarían de pentagrama -o tal vez sus cabecitas equivocas las hubieran grabado- o para disfrutar suplicios nunca concebidos por un policía terrestre.

De modo que, cuando aquellos litros de morfina dejaron de respirar, se miraron asintiendo y consultaron relojes. Eran las veinte en punto. Alguno encendió un cigarrillo, otros rindieron su fatiga a los sillones.

Ahora esperaban que la pudrición creciera, que alguna mosca verde, a pesar de la estación, bajara para descansar en los labios abiertos. Porque la Santa Iglesia les ordenaba respirar cadaverina, hediondez casi enseguida y adivinar la fatigosa tarea de siete generaciones de gusanos. Todo esto adecuado a los gustos de Dios que respetaban y temían. Los minutos pasan pronto cuando un diplomado vela por su fe.

Emilio, el más obediente a las manifestaciones indudables de la Divinidad, dijo:

-Che, aumentó la calefacción.

Más tarde, resolvieron bajar para dar la noticia, triste y esperada. Él estaba cenando y asintió con la cabeza. Luego, agradeció los servicios prestados y rogó que le fueran enviados los honorarios. Después señaló con un dedo a uno cualquiera de los uniformados y le ordenó ordenar a las radios, primicia para la suya, que difundiera la noticia,

Y quedó así, rehecha, corregida, discutida: “El Ministerio de Información y Propaganda cumple con el doloroso deber de anunciar que a las veinte y veinticinco Ella pasó a la inmortalidad.”

El médico Catalán subió los escalones de dos en dos, molestado por su pequeña maleta. Preparó la inyección y estuvo consternado palpando la frialdad del cuerpo.

Las puertas no se abrían y la multitud comenzó a porfiar y moverse. Los policías dejaron de ofrecer vasitos de café enfriado y de inmediato aparecieron vendedores de chorizos, de pasteles, de refrescos entibiados, de maníes, de frutas secas, de chocolatines. Poco ganaron porque el primer contingente comenzó a llegar a las nueve de la noche y provenía de barriadas desconocidas por los habitantes de la Gran Aldea, de villas miseria, de ranchos de lata, de cajones de automóviles, de cuevas, de la tierra misma, ya barro. Ensuciaban la ciudad silenciosos y sin inhibiciones, encendían velas en cuanta concavidad ofrecieran las paredes de la avenida, en los mármoles de ascenso a portales clausurados. A algunas llamas las respetaban la lluvia y el viento; a otras no. Allí fijaban estampas o recortes de revistas y periódicos, que reproducían infieles la belleza extraordinaria de la difunta, ahora perdida para siempre.

A las diez de la mañana les permitieron avanzar, dos metros cada media hora, y pudieron atravesar la puerta del ministerio, en grupos de cinco, empujados y golpeados; los golpes preferidos por los milicos eran los rodillazos buscando los ovarios, santo remedio para la histeria.

A mediodía corrió la voz de cuadra en cuadra, metros y metros de cola de lento avanzar: “Tiene la frente verde. Cierran para pintarla.”

Y fue el, rumor mas aceptado; porque, aunque mentiroso, encajaba a la perfección para los miles y miles de necrófilos murmurantes y enlutados.

Juan Carlos Onetti

 

Billete de Cien pesos, Homenaje a Eva Perón
En agosto de 1952, el Banco Central de la República Argentina, decide rendir homenaje a la Sra. Eva Duarte de Perón, re-diseñando el billete de 5 pesos, con su retrato en el anverso. En el reverso, una alegoría a su extraordinaria obra de ayuda social inmortalizaría su legado.

En pleno proceso de diseño, el Director de Casa de Moneda reclama la compra de elementos, maquinarias y papel especial para valores impresos en seco y llevar a cabo la emisión. Considerando que durante 1954 se lograría la normalización del trabajo acorde a las nuevas tecnologías incorporadas, pudiendo entonces imprimir cualquier tipo de billetes grabados en acero, con los últimos adelantos de seguridad y varios colores. Un desacuerdo contractual con el grabador Mario Baiardi y la prematura muerte del diseñador Renato Garrasi, demoraron la concreción del proyecto.

El advenimiento del golpe de estado autodenominado Revolución Libertadora significó el inicio de un plan sistemático para borrar las huellas del peronismo en Argentina. El billete de Eva pasaría así al ostracismo detrás de un mueble de Casa de Moneda, gracias a la intervención de un valiente empleado de la institución. Transcurrieron momentos difíciles y el boceto permaneció latente, esperando un beso de humedad para germinar.

Casi 60 años pasaron hasta que el proyecto fue descubierto. El arduo trabajo de documentación por parte del personal del Museo de Casa de Moneda dio sus frutos y a fines de 2011, el billete homenaje fue presentado en sociedad, junto con la intención explícita de hacerlo realidad.

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